
Se me ha olvidado seis veces la misma palabra en los últimos días: "gi-eok", que además significa memoria, con toda la ironía incluida. La tengo anotada en el borde de tres páginas distintas de mi cuaderno y aun así mi cabeza decide que no vale la pena quedarse con ella. Estudio vocabulario coreano por mi cuenta, autodidacta entre turnos de cafetería y k-dramas de fondo, y esta vez me cansé de fingir que el problema era falta de disciplina.
Las palabras se me olvidan aunque las escriba tres veces
Ya toqué en otro cuaderno cómo se aprende hangul letra por letra; lo que quiero contarte hoy es qué pasa después de eso, cuando ya lees pero las palabras no se quedan a vivir contigo. Antes de todo esto compré un libro de texto físico de coreano, de esos gruesos, con ejercicios y espacio para escribir, convencida de que ahí estaba el orden que me faltaba. Lo abandoné en el capítulo tres, en la lección de los números, y se quedó juntando polvo al lado de la cama.
Con el tiempo entendí que el vocabulario aislado se olvida casi por diseño. Si una palabra no está pegada a nada, ni a una cara, ni a un lugar, ni a un pedido real que alguien me hace en la barra, mi cabeza la trata como relleno y la bota para hacer espacio a lo de la universidad. Esa es la respuesta corta a por qué se me sigue olvidando "gi-eok" aunque la escriba tres veces en tres cuadernos distintos: la estoy escribiendo, no viviendo.
El contexto pesa más que cualquier truco de memoria
Mi manera de resolverlo fue agrupar palabras por escena en lugar de por lista. Si en un drama alguien pide perdón bajo la lluvia, anoto esa palabra junto a "lluvia" y junto a lo que sentí viendo esa escena, no junto a otras diez palabras que no tienen nada que ver entre sí. No importa si esas palabras no están en la misma lección de ningún curso. Lo que las mantiene pegadas a mi memoria es la emoción que traen encima, no el orden en que las vi.
El domingo pasado fui al Parque Zonal El Recreo a esperar a Keyla, que estaba jugando voleibol en la losa deportiva del barrio, y me senté en la banca de siempre con los audífonos puestos, repitiendo un diálogo que ya me sabía de memoria. De pronto reconocí tres palabras seguidas sin traducir nada en la cabeza, tal cual las había escuchado en la escena que las guardó. Le grabé ahí mismo una nota de voz con esas tres palabras en coreano y se la mandé a Keyla, nomás porque quería que alguien más lo supiera. Ella no entiende muy bien por qué quiero llegar más allá de los subtítulos, pero me contestó con una pregunta, como siempre, sin juzgar nada: que cómo sabía que estaba bien dicho si nunca lo había estudiado de forma seria.
Vocabulario coreano necesario para defenderse
Esta es la pregunta que más me hacen, y la respuesta corta que yo misma usaba antes era un número: para el nivel 1 del TOPIK piden unas 800 palabras, y yo sentía que apenas tenía diez bien amarradas en la cabeza. Ese número me perseguía, pero dejé de usarlo como meta. Mi criterio ahora no es cuántas palabras tengo escritas en el cuaderno, sino cuántas reconozco sin subtítulo cuando aparecen dentro de una frase real, dicha rápido, sin que nadie me avise que ahí viene una palabra "importante". Si la reconozco en esas condiciones, la cuento como aprendida. Si solo la reconozco cuando está sola, en una lista, todavía no cuenta, por más que la haya visto cien veces.
Lo que dejo para otra entrada
Hay preguntas que me llegan seguido en los comentarios y que no caben aquí, pero prefiero nombrarlas para que no parezca que las estoy esquivando. La gramática que se pesca viendo dramas sin pausar merece su propio espacio, porque no es lo mismo que memorizar reglas sueltas de un libro. La pronunciación también es otro tema: la corrijo sola cuando me escucho de vuelta en las notas de voz que grabo, y ahí noto cosas que nunca noto mientras hablo. Lo mismo con la diferencia real entre meterle a coreano o a japonés cuando entraste por el anime: el sistema de escritura no se parece en nada uno al otro y merece su propia entrada. Los honoríficos, las partículas que cambian el sentido de una palabra según lo que le pegas al final, y el registro informal que usan los personajes entre amigos en un drama, todo eso da para varias entradas más, no para meterlo aquí de relleno.
Y si algo me ha quedado claro con mi rutina para estudiar coreano trabajando y terminando la universidad es que esto no se acelera por más ganas que le eche un domingo. Para la estructura de fondo sigo apoyándome en mi opinión sobre el curso de coreano de cero a experto para principiantes, pero solo como columna vertebral: el vocabulario que de verdad se queda lo pongo yo, no el temario.
Anotar en el borde, no en una lista aparte
Ivana Tejeda, que comenta casi cada semana desde Lima, me preguntó hace poco algo que no me había parado a pensar: por qué anoto las palabras nuevas en el borde del cuaderno y no en una lista aparte al final, como hace todo el mundo. Lo pensé un rato y la respuesta es esa misma: en una lista aparte la palabra pierde la escena que la sostiene. En el borde, en cambio, queda pegada a lo que estaba escribiendo cuando la aprendí, y eso basta para que la próxima vez que pase la página me acuerde de golpe.
Ahora mismo tengo el cuaderno abierto sobre el escritorio, con la portada ya medio despegada de tanto uso, y la lámpara de brazo que zumba bajito porque lleva encendida un buen rato. El laptop está parado sobre un par de libros porque a esa altura veo mejor los subtítulos sin torcer el cuello, y en el borde del espejo del cuarto tengo pegados los post-its con las últimas palabras que se me quedaron. La luz azulada de la pantalla cae sobre el cuaderno abierto y ni me doy cuenta de que ya es tarde hasta que el gato empieza a maullar pidiendo que apague todo.
El Rey Sejong el Grande diseñó el hangul para que cualquiera lo aprendiera rápido, no para que alguien se sintiera mal por olvidar una palabra un domingo cualquiera. Así que si estás en lo mismo, mi único consejo real es que dejes de coleccionar palabras muertas y empieces a anotarlas donde ya estás escribiendo algo tuyo, en el margen, no en una lista que nunca vuelves a abrir. El vocabulario no se queda por repetirlo: se queda porque le diste un lugar donde vivir.